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En pos de una quimera

Noches de bruma y esperanza
de estrellas escondidas
y luces apagadas.
Reclinada en blando lecho
la dulce niña lloraba
y de sus ojos castaños
blancas gotas de rocío resbalaban.

A Morfeo, dios del sueño
y de noches embrujadas,
ella llamaba.
A su ruego
anciano de luengas barbas
recostose en su ventana
y consolándola díjole:

«Yo tejeré para ti
con nubes y espumas blancas,
sueños de amor y de dichas
coronados de alegrías y esperanza.
Mas ay, sólo te han de durar
hasta que el rey astro salga».

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